Me costó mucho entender aquello del gusano que se transformaba y dejaba la seda en un capullo para salir convertido en una mariposa y luego moría después de poner todos aquellos huevos que no eclosionarían hasta el verano.
Me costó sobre todo porque yo veía aquella horrible polilla a la que no sé porqué llamaban mariposa. Aquel pequeño capullo era el único testigo de su sacrificio porque ni siquiera sus alas perduraban y es que al intentar recogerla se convertían en ceniza.
Si soy sincera todavía no lo entiendo. Supongo que la polilla tiene sus razones, como tú las tuyas, como yo las mías.
Supongo que todo es por la seda
3 caricias de seda:
échala de espaldas al cierzo...ya sabes...besos.
¡Lánzala!
y llena el alma de estrellas de colores
Doble acierto.
Tú te calientas y él se enfría.
Besos.
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